Uppered Escribe en Uppered y gana dinero. Para mas información ingresa a www.uppered.com
Visita mas blogs de Uppered ->



Archive for Uncategorized

EL PUENTE DEL METLAC

En una de las orillas de Fortín se abre la barranca del Metlac, profunda y ancha, todavía agreste. Tres puentes la atraviesan, uno de hierro, por donde corrieron los trenes del porfiriato; los otros dos de acero y concreto, donde aún viajan trenes de carga y automóviles.

Durante el día el puente de la autopista ofrece una hermosa panorámica de la barranca y la gente suele pasear por su banqueta para disfrutar del paisaje, pero durante la noche el puente parace flotar sobre un abismo penumbroso, y atrae a los desesperados que a menudo acaban con sus desdichas saltando al vacío.

Tal vez por eso durante las madrugadas algunos automovilista han visto sombras y siluetas blancas, ya caminando tambaleantes, ya encaramadas en la barandilla. los curiosos que se han detenido a investigar no encuentran a nadie, solo escuchan lamentos o sollozos, y se apresuran a continuar su camino, dejando el misterio para alguien valiente y piadoso que se anime a rezar en la oscuridad por esas almas extraviadas

Comentarios(3)

EL PERRO NEGRO

Hace años Fortín era un conjunto de casas dispersas enmedio de árboles frondosos; había muchos cafetales y sembradíos de gardenias y abundaban los pájaros y las mariposas.

La gente acostumbraba retirarse temprano a sus hogares, para poder madrugar, pues en su mayoría se dedicaban al campo. Sin embargo de vez en cuando alguien se retrasaba visitando asus amistades, y regresaba a casa ya avansada la noche.

Así le sucedió a un joven, que finalmente se despidió de sus amigos y comenzó a caminar desde Fortín viejo hacia el centro. Mientras caminaba sentía que lo observaban, de hecho algunos arbustos junto al camino temblaban como si algo se moviera entre ellos.

Finalmente un enorme perro negro salió y le bloqueó el paso. El perro era demasiado grande, demasiado robusto y oscuro, y en vez de ladrar o gruñir lo miraba torvamente. Pero el joven no retrocedió ni apartó la mirada, con cuidado dejó en el suelo la barbacoa que le regalaran sus amigos y llevando la mano al mango del machete dijo serenamente:
-Sé que eres un nahual, puede conformarte con esta comida o atacarme, piensalo bien, porque
si me atacas te mato, o te dejo tan malherido que todos te descubrirán cuando tengas figura
de persona…

Después de un largo titubeo el perro negro tomó la barbacoa entre sus fauces y se alejó al trote. El joven regresó a su casa y ya nunca abusó de su buena suerte caminando tan noche por la calle

Comentarios

LA CUEVA

Cerca de Córdoba se encuentra Peñuela, una comunidad cortada en 2 por una amplia carretera, con algunas de sus calles aun de terracería y rodeada de verdes cañaverales. Frente a la cantera de marmol de Peñuela existe un camino que lleva hasta la facultad de biologìa y continua mas allá de ésta, entre árboles y cultivos.

Hace algunos años un grupo de futuros biólogos decidió seguir ese camino, para colectar las plantas que les pedía su profesor. Con las mochilas en la espalda caminaron hasta dejar atras el pavimento y la carretera polvosa, se internaron ensenderos y brechas, llegaron asi a un cerro lejano, un lugar perfecto para reunir todos los especímenes que necesitaban para aprobar Botánica.

 Después de descansar brevemente, comenzaron a reunir las hojas y flores necesarias; entonces uno de los estudiantes se alejò sin querer, y llegó hasta la entrada de una cueva poco profunda. Con cuidado se asomó y vió platos y vasijas prehispánicas. Muy emocionado llamó a gritos a sus compañeros, entonces juntos entraron a la que resultó una camara del tesoro.

Había incensarios, figurillas, de todo, y unos esqueletos adornados con suntuosos penachos y joyas de reluciente jade y oro. Alguien sugirió venderlo todo para hacerse ricos, y por un rato la mayoría lo pensó, pero el joven que encontró la cueva razonó con ellos hasta hacerles cambiar de idea.

Gracias a él se acordó respetar el sepulcro, avisar a las autoridades correspondientes y conformarse con la posible recompensa. Para compensar un poco a sus compañeros, el joven se acercó a los esqueletos y tomó el brazalete mas humilde, dejando a cambio su medallita de oro. Ya afuera repartió las cuentas de jade entre todos. Los demá las guardaron cuidadosamente en sus mochilas, él la colgó en su cuello usando un trozo de cordel.

Regresaron sin problemas hasta la carretera principal, mientras esperaban el camión alguien quiso echarle una mirada triste a su cuenta, lo único que conservaría del tesoro, pero no la encontró aunque vació la mochila. Inquietos, los otros también buscaron sus cuentas, mas tampoco las hallaron. El único que la conservó fue quien encontrara la cueva. Aun hoy la lleva al cuello como talismán, él ya no regresó al cerro, pero los demás si, tan solo para comprobar que la cueva había desaparecido. El muchacho que sugirió saquear la tumba, además de perder la cuenta, sufrió una inexplicable serie de accidentes que casi le cuestan la vida, y éstos solo terminaron cuando quemó copal frente al cerro e hizo una ofrenda de su propia sangre, punzandose la lengua con una espina de maguey, tal como se usaba en tiempos prehispanicos 

Comentarios

Pasos sin pie

En las ciudades de provincia, a veces los espectros resisten el progreso y los cambios del uso de suelo, e insisten en aparecerse de vez en cuando, perturbando a los vivos con su presencia ocasional.

Fortín ya no es el pequeño poblado que solía ser, lleno de flores y mariposas. Hoy es una ciudad como muchas, con calles pavimentadas, flanqueadas por casas mas o menos recientes, que se aprietan unas contra otras. En ese ambiente moderno lo sobrenatural parece ya no tener un lugar y sin embargo persiste.

Una noche, ya muy tarde, una maestra regresaba a su hogar caminando por el centro de la ciudad, vacío salvo por una que otra persona. Mientras caminaba hacia el parque, en una esquina cercana vio a una mujer con el cabello suelto, ataviada con un vestido un tanto largo para la moda del momento, pero normal. Sin saber porque, la maestra se sintió incómoda, tan
inquieta que aceleró su marcha hasta dejar atras a la mujer.

Para llegar a su casa, la maestra tenía que cruzar el parque en diagonal. Esto usalmente no la molestaba, porque el parque esta bien iluminado y despejado de arbustos en donde pudieran esconderse los ladrones, pero esa noche ella sentía el impulso de mirar atrás sobre su hombro y al mismo tiempo sentía miedo de hacerlo.

En ese estado de ánimo entró al parque y comenzó a cruzarlo y de repente escuchó con toda claridad unos zapatos de tacón resonando detrás de ella; cada vez mas asustada, intentó dejar atrás a quien la seguía, sin conseguirlo; un sudor frío empezó a correr por su espalda, pero a pesar del susto la maestra se detuvo y se volteó para enfrentar lo que fuese…No vió a nadie, solo escucho esos pasos sin pie acercándose, acercándose hasta desvanecerse apenas unos centímetros frente a ella.

Como pudo, la maestra corrió hasta su casa y después de cerrar puertas y ventanas, le contó a su familia lo que le había pasado. Ninguno había oído de la mujer del cabello suelto, ni de los pasos sin cuerpo, asi que no pudieron decirle quien era esa mujer, ni porque se le había aparecido. En los días siguientes la maestra investigó entre los vecinos mas ancianos, pero ellos tampoco pudieron responderle y el misterio sigue sin aclararse hasta ahora, quizá esperando otra noche de noviembre para manifestarse de
nuevo.

Comentarios

El pájaro oscuro

Fortìn es una ciudad de provincia que todavia esta rodeada de zonas rurales, ricas en flores, arboles e historias de seres extraños.
Fue a orillas de la ciudad donde el pajaro oscuro aparecio por primera vez. Ahi todavia hay casas antiguas, con muros gruesos y altos, y techos de teja de barro; casas separadas por solares herbosos, sombreados con jacarandas o arboles frutales.

En esas comunidades todos se conocen y se enteran ràpidamente de lo que le ocurre al vecino. Por eso, cuando el recién nacido de una madre primeriza amaneció con moretones y despues enfermó gravemente, la mujer mas anciana fue enseguida a visitarlos. Sin explicar razones, le aconsejó a la joven que esa noche velara el sueño del bebé y tuviese a la mano un brasero con
muchos chiles secos, listo para encenderlo en cuanto escuchara ruidos inusuales.

Ya que el médico no pudo diagnosticar la enfermedad del bebé, la madre desesperada siguió las indicaciones de la anciana. Veló junto a la cuna durante horas, hasta que el sueño la hizo caabecear. Entonces el ruido de un pesado golpe en el techo la despertó…Al golpe siguieron arañazos rítmicos en las tejas, como de pasos que recorrieran el techo, acercándose
al lugar donde dormía el bebé. Aunque el miedo le erizaba la piel, la madre encenció el brasero y salió rápida y silenciosamente.

En lo mas alto del techo la joven distinguió una enorme ave oscura, de fealdad indescriptible, con ojos de braza que se clavaron en los suyos…Antes que el ave saltara hacia ella, la madre reaccionó y abanicó el bracero de tal forma que el humo se elevó hasta el techo. En cuanto este humo tocó al pájaro monstruoso, éste retrocedió entre alaridos, y finalmente se alejó volando hasta desaparecer en la distancia.

Al amanecer el bebé por fin empezo a recuperarse y ya nunca mas presentó ningun moretón extraño. El pájaro oscuro ya no volvió a verse en esa comunidad…y tampoco una mujer sombría, que la gente evitaba por su mal caracter y mala voluntad hacia todos, especialmente los niños pequeños.

Comentarios

Mamá Galla

Frecuentemente, los niños son protagonistas de leyendas en las que corren grandes peligros y son objeto de la crueldad de personajes malvados. Por suerte, como en esta leyenda peruana, suelen salvarse gracias a su ingenio y a la intervención de otros personajes benefactores que llegan en su auxilio justo a tiempo.

Mamá Galla era una mujer que vivía en las alturas del camino de Canta a Huamantanga, en Perú. Era una bruja devoradora. Comía carne humana y se las arreglaba para engatusar a todo viajero que pasaba. Les ofrecía comida y reparo, pero terminaba comiéndoselos a ellos.

Mamá Galla vivía con su hija y dos nietitos. Siempre los mandaba lejos, para que no supieran cómo conseguía su alimentación, ni las malas artes que ella practicaba.

Con su familia, Mamá Galla fue buena hasta el día en que no hubo nada que comer ni pasó cerca ningún caminante. Ese día decidió matar a su hija.

Pero sus nietitos estaban intranquilos y no la dejaban ni un momento sola.

—¿Por qué no traen agua para la comida? —les pidió Mamá Galla alcanzándoles una canasta.

—Esto no sirve —respondieron los pequeños sin moverse del lugar—. Tiene agujeritos. Se nos va a escurrir toda el agua.

—Vayan a buscar piedrecillas —dijo entonces la vieja—. Cuando tengan suficientes, pueden tapar los agujeros de la canasta.

Los chicos salieron y ella no esperó mucho para matar a su hija. Se bebió su sangre y después la cortó y la echó en una olla grande.

—¿Dónde está nuestra mamá? —preguntaron los niños apenas llegaron del río.

—Fue a pastar los ganados y hasta mañana no vuelve —respondió la vieja.

—No es cierto —dijeron los trozos de la madre desde dentro de la olla—. ¡Escapen, hijos míos! ¡Yo los ayudaré a que lleguen al cielo!

Sólo los chicos oyeron la voz de su madre. Mamá Galla no la escuchó y entonces ellos armaron un plan.

—Abuela, ¿nos enseñas a llenar el agua de la canasta para que no se pierda en el camino?

—Bueno —dijo la anciana. Y los tres marcharon hacia el río.

Pero en el camino, los pequeños se perdieron de vista y, mientras Mamá Galla los buscaba, regresaron a la casa, agarraron los trozos de su madre y escaparon.

La viejecita no pudo encontrarlos y regresó a su casa. Al ver que faltaba su comida, salió tras ellos. Estaba por alcanzarlos cuando el Arcángel San Miguel les envió una cadena desde el cielo. Los chicos treparon llevando a su madre, pero la vieja se tomó de la punta de la cadena. Sin embargo, el pájaro acacllo cortó la atadura con su pico y Mamá Galla, viéndose caer, comenzó a gritar pidiendo ayuda al zorro.

—¡Tiéndete en el suelo, para que yo caiga sobre ti y no me haga daño! —exclamó.

—Está bien —dijo el compadre zorro.

Pero la vieja calculó mal y cayó sobre la tierra, se convirtió en laguna y se ahogó.

Desde entonces, en la laguna hay una piedra, Mamá Galla, que lleva su nombre.

Comentarios

La Virgen del Valle

La imagen de la Virgen del Valle es venerada en todas las provincias andinas.

El día de su festividad acuden al santuario del Valle millares de creyentes, muchos de los cuales han tenido que realizar un largo viaje para llegar allí.

La tradición ha conservado el recuerdo de sus numerosos milagros, entre los cuales figura el muy conocido de “la cadena”.

La santa imagen fue sacada de la Gruta de Choja (Catamarca), por el español Manuel Salazar, en el año 1618. Nadie sabe quién la llevó hasta ese punto y la escondió en la gruta de piedra, rodeada de peñascos, donde fue hallada por los indios, a principio del siglo XVII.

Estos la festejaban a escondidas, con danzas y fogones, creyendo que Dios mismo la había colocado allí.

Un indio, sirviente de Salazar, reveló a su amo el secreto de la Virgen, y Salazar, atento a las informaciones recibidas, encontró la imagen y la sacó de su nicho de piedra, a pesar de la oposición de los indios.

El español la llevó primero a Collagasta y luego a su residencia del Valle Viejo; pero durante aquella noche desapareció la imagen, y fue encontrada al siguiente día en el interior de la gruta. Salazar la llevó nuevamente a su casa, de donde desapareció por segunda vez. Los vecinos interpretaron estas ausencias de la Santa como una manifestación de su divina voluntad: la Virgen abandonaba la vivienda particular, porque no quería ser “patrona de pocos”, sino de muchos y de todos. Entonces, convencidos de este deseo, los vecinos edificaron una capilla, y allí colocaron la imagen milagrosa.

Comentarios

Siguiente Pagina »

Cerrar
Enviar por Correo