La llorona vaga en Fortín, Veracruz
Leyenda enviada por:
Irma Hernández Sorcia. Fortín, Veracruz, México.
En Fortin, la Llorona es mas que un personaje de leyenda, mas que una historia para que los abuelos entretengan a los niños en las tardes neblinosas de noviembre. Desde hace generaciones la llorona vaga por la pequeña ciudad, recorriendo el barrio mas antiguo, llamado Fortín viejo. Son muchos los pobladores que han tenido algun contacto con esta alma en pena, entre ellos,personas bien conocidas en esta comunidad. Un maestro me dió este testimonio:Hace 40 años, cuando él era niño,en una noche de luna terminó de cenar y se retiró a dormir. Entonces Fortín era zona rural, asi que mientras el sueño llegaba se entretuvo escuchando los grillos, las ranas y los demás animales nocturnos que abundaban, no supo cuando se quedó dormido, pero en la madrugada lo despertó un alarido doliente, prolongado, un grito sin palabras, sin fin, que recorría su calle velozmente, y se escuchaba cada vez mas quedo, como si se alejara. Sin embargo, la gente de Fortín sabe que cuando el grito se escucha lejano, en realidad la llorona se encuentra a poca distancia. El era un niño curioso hasta la imprudencia, por lo que se levantó de la cama y entreabrió la ventana para asomarse por la rendija…solo recuerda que en la penumbra helada alcanzó a distinguir una silueta de mujer, blanca, vaporosa, y que despertó cuando su madre entró al cuarto entre regaños porque se le hacía tarde para ir a la escuela, y además él se había dormido junto a la ventana. Las recriminaciones maternas terminaron de repente cuando el niño le explicó lo sucedido.Entonces,aparentando que no pasaba nada, pero pálida y ansiosa, su mamá le preguntó como era el rostro de la mujer de blanco; cuando el niño no pudo describirlo,llena de alivio lo abrazó hasta casi cortarle la respiración. Esa mañana él no fue a la escuela, se quedó en casa mirando como sus abuelas y otras ancianas encendían copal en unos incensarios y limpiaban con el humo todas las habitaciones, especialmente su recámara. Despues también lo purificaron con ese mismo humo y unos ramos de hierbas olorosas. Durante varias noches durmió con una veladora bendita encendida junto a su cama, y vigilado por su madre, hasta que las abuelas dijeron que el peligro había pasado. Solo en ese momento las ancianas le explicaron que en ocasiones la llorona tambien se aparece a los niños, y éstos enferman si no los purifican inmediatamente, y que si un niño llega a ver la cara de la llorona, muere días despues sin que se pueda hacer nada por él. Desde entonces él ya no intentó ver a la llorona, aunque la volvió a escuchar otras noches durante su infancia y juventud.
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