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ANGEL AL VOLANTE
Linda Harmitz recuerda un viaje con su abuelo Clifford que casi termina en desgracia.
Linda tenía entonces solo 10 años, y ella y Clifford viajaban en auto hacia una ciudad cercana, pues debían comprar utiles para la escuela, y ropa nueva. Charlaban y cantaban felices, cuando de repente el abuelo comenzó a quejarse, se llevó las manos al pecho y perdió el sentido. El auto quedó sin control en medio del trafico, corriendo cada vez mas rápido, pues el pié del abuelo había quedado sobre el acelerador. Como pudo Linda intentó manejar, pero no sabía como, pues solo había visto como manejaban los adultos, y nunca se había sentado a conducir ni siquiera a baja velocidad. Aterrada, la niña rezó y rezó mientras forcejeaba con el volante, entre los chirirdos de frenos de los otros carros, que esquivaban por muy poco el auto desbocado.
Entonces sintió que tocaban su hombro derecho, y 2 manos luminosas se hicieron cargo del volante. Sin saber como, la niña tuvo la certeza de que un ángel la protegía y dió gracias al ángel y a Dios. El automovil dejó de dar tumbos y se encaminó hacia un terreno baldio junto a una gasolinera. Ahí se detuvo finalmente, y la gente que se encontraba en el lugar se apresuró a auxiliar a la niña y al abuelo.
El abuelo Clifford había sufrido un ataque cardiaco, pero sobrevivió para contar lleno de orgullo que su nieta lo había salvado al tomar el volante. Sin embargo Linda nunca aceptó el mérito de la hazaña, cada vez que se contaba el suceso, ella hablaba de las manos angelicales. Aún ahora habla de esa experiencia de su niñez, que asegura recordará hasta el día en que se reuna con los ángeles.






