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EL PASTOR DE AMBOTO


Hace muchos años, un pastor cuidaba su rebaño en las faldas del Amboto, en el país Vasco. Había sido un día como todos, y no se veían señales de lobos, osos o ladrones, asi que el pastor, un tanto aburrido, decidió tocar su flauta para  entretenerse. El lugar se llenó con la sencilla música del muchacho, y cuando mas concentrado estaba en su melodía, llegó una muchacha muy hermosa, peinándose su larga cabellera rubia.

La doncella se acercó al pastor y le sonrió, era tan linda que al verla el muchacho se enamoró, y sin pensarlo empezó a cortejarla, decidido a conventirla en su esposa. Tocó sus mejores canciones para ella,  platicaron todo el día, y para la tarde el ya le había propuesto matrimonio. La doncella aceptó sin titubear, mas puso una extraña condición, que él no la obligase a ir a la iglesia, y que tampoco llevase a la iglesia a sus futuros hijos. El amor cegaba al muchacho, y aceptó sin pensarlo demasiado. Así, bajaron del Amboto a su cabaña, y empezaron a vivir como marido y mujer sin mas ceremonia.

Pasaron los años, y el pastor fué feliz con su misteriosa compañera, prosperó y tuvo con ella 7 hijos, que crecieron sanos y fuertes. Pero con el tiempo él había pensado en la condición impuesta por su mujer, y cada vez le preocupaba mas que sus hijos  no supieran nada de Dios o de Jesús, que nunca abrieran una Biblia, y que no estuvieran ni siquiera bautizados. Los mas grandes ya le acompañaban a cuidar el rebaño, y le preocupaba que algo les pasara, que desgraciadamente murieran y su alma se perdiera.

Por eso, un domingo preparó la carreta, y pidio a toda la familia que subiera pues los llevaría a recoger manzanas a un bosquecillo cercano. Sin sospechar nada, todos subieron, incluida su mujer. El pastor la sorprendió completamente, antes que pudiera hacer nada la amarró muy fuerte, y emprendió rápido el camino hacia la aldea vecina, para llevar a todos a misa.

La mujer lloró de ira y despecho, forcejeó con las cuerdas, le recordó el acuerdo que tenían, pero él no cedió. Ya las campanas de la iglesia se escuchaban claramente, y se podían ver las primeras casas de la aldea. Entonces, al comprender que él no cambiaría de opinion  la mujer gritó con todas sus fuerzas:

-¡Mis hijos al cielo, y yo para Muru!

Entonces se transformó en un fantasma de fuego, y quemando las cuerdas se elevó en el aire y se alejó rumbo a Muru, donde se perdió de vista. El pastor descubrió asi que ella era Mari, la Dama de Amboto, y supo en su corazón que si hubiese cumplido el acuerdo él se hubiera perdido junto con los niños.  

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