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JAUNTZURIA, EL SEÑOR BLANCO
Se cuenta en el país Vasco, que allá por el siglo V llegó a Mundaka un barco extraño.
Los sencillos pescadores nunca antes habían visto un navío semejante, tan grande y majestuoso, con tan complicado velamen, y tripulado por hombres gigantescos, robustos, de ojos claros y cabellos rubios.
El barco extranjero estuvo a punto de zozobrar, pero los pescadores hicieron señas al piloto y le indicaron el sitio donde se podía anclar sin peligro.
Cuando el barco estuvo seguro, la tripulación bajó unos botes enormes, con muchos remos y en el mejor acomodaron a una dama hermosa pero melancólica.
Los pescadores les recibieron cordialmente, y los extranjeros armaron sus vastas tiendas junto a la aldea. Con el paso de los días y la convivencia floreció la amistad entre ambos pueblos, amistad que se consolidó cuando la dama dió a luz a un niño muy blanco y rubio, con ojos azules como el reflejo del mar.
Cuando la dama tuvo a su hijo en los brazos sonrió por primera vez, y al fín tuvo fuerzas para contar su triste historia.
Ella era una princesa de Dinamarca y se había enamorado de un caballero valeroso y gentil, pero sin sangre real. Su padre se opuso y no solo encerró al caballero en un calabozo, sino que la comprometió con un principe sanguinario pero acaudalado. A escondidas la princesa visitó a su verdadero amor cada vez que pudo y hasta consiguió casarse con él en secreto, sin embargo, su padre sospechó algo y mandó asesinar al caballero.
Entonces la princesa escapó, ayudada por los amigos de su amado, quienes navegaron lo mas lejos posible de Dinamarca y así llegaron al mar Cantábrico y la costa Vasca.
El bebé de la princesa creció entre los vascos y se convirtió en un hombre sabio y poderoso, por lo que le llamaron “Jauntzuria”, el señor blanco, y le eligieron como su caudillo. El fué el primer señor de Vizcaya






