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SAN MIGUEL DEL ARALAR


En epoca remota, vivió un caballero llamado Teodosio de Goñi, que pasó largos meses combatiendo por el reino, lejos de su esposa Constanza.
Cuando la guerra al fin terminó, Teodosio galopó incansablemente hacia su casa, feliz con la idea de volver a abrazar a su esposa.
A los pocos kilómetros de su hogar encontró a un ermitaño, éste, después de saludarlo le preguntó su nombre; Teodosio le dijo quien era, hasta le contó brevemente el fin de la guerra, entonces el apesadumbrado ermitaño le dijo:
-¡Desdichado Teodosio! mientras defendías al reino tu esposa manchaba tu honor, ya todo el pueblo conoce sus viles infidelidades.
Antes que Teodosio pudiese replicar, el ermitaño desapareció.
Confundido y furioso, el caballero galopó sin descanso hasta su hogar. Llegó ya muy noche, y aprovechó para entrar por una puerta secreta y llegar a su alcoba por sorpresa.
En la oscuridad distinguió 2 bultos en la cama matrimonial. Loco de rabia sacó su daga y apuñaló a los durmientes, que no tuvieron oportunidad de huir o siquiera gritar. Después de vengarse, Teodosio abandonó su casa y vagó sin rumbo hasta llegar a la iglesia. Acababa de celebrarse una misa tardía y la gente se retiraba a sus hogares. Entre esas personas estaba Constanza, que al verlo corrió hacia él para abrazarlo. Desconcertado Teodosio le preguntó por las personas que dormían en su cama y Constanza le contestó:
-Son tus padres, que vinieron a acompañarme para hacer menos dolorosa mi soledad. Para corresponder a su gentileza les cedí nuestra alcoba, que es la más comoda y espaciosa.
Aterrado, Teodosio comprendió que el ermitaño era un demonio disfrazado que con engaños lo había hecho asesinar a sus propios padres.
El caballero huyó del pueblo sin explicarle nada a su esposa. Constanza se enteró de lo sucedido al encontrar lo muertos en la alcoba. Horrorizada, se marchó a la iglesia, a rezar día y noche por el alma de su esposo.
Atormentado por su culpa, Teodosio fué a confesarse con el obispo San Marciano, pero éste no pudo absolverlo y le envió a ver al papa. Teodosio viajó hasta Roma y se confesó con el pontífice. Este le dijo:
-Para expiar tan terrible pecado, debes peregrinar por los lugares mas ásperos y solitarios. Cargarás una cruz de madera y ceñirás una gran cadena de hierro. Solo cuando la cadena caiga rota por si sola, sabrás que Dios te ha perdonado.
Así lo hizo Teodosio y caminó penosamente por muchas comarcas, hasta llegar al monte Aralar. Ahí vió una oscura caverna, de la que salió un rugiente dragón. El monstruo se avalanzó hacia él, y Teodosio solo alcanzó a exclamar:
-¡San Miguel me valga!
Al instante se abrieron las nubes, en medio de luz celestial apareció San Miguel y mató al dragón. Al mismo tiempo, la cadena de Teodosio cayó al suelo rota.
Ya absuelto, Teodosio regresó a su pueblo, con su esposa. Juntos hicieron construir una capilla en honor a San Miguel, en el lugar donde el arcángel derrotara al dragón.
Esa capilla aún esta ahí, y se dice que la tumba de Teodosio y Constanza esta bajo una columna, a la derecha del pórtico.

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