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NUESTRA SEÑORA DE BALZAGA
En Rigotia, Vizcaya, existió en tiempos remotos un humilde santuario dedicado a la Virgen. Con el tiempo los devotos consideraron que el edificio era muy pequeño, muy rustico, y decidieron mudar la santa imagen de la Virgen a un nuevo recinto. La nueva iglesia sería suntuosa y se construiría en un lugar cercano.
Todos cooperaron con materiales que se amontonaron en el lugar de la construcción, listos para empezar la obra. Pero cuando los obreros llegaron al día siguiente, no encontraron ni una piedra, ni un poco de cal. Corrieron a denunciar el robo y al pasar por el antiguo santuario vieron los materiales. Desconcertados, los obreros pasaron esa jornada acarreándolos de regreso.
La mañana siguiente todos los materiales estaban de nuevo en el pequeño santuario. Lo mismo sucedió varias veces. Entonces se acordó que 12 vecinos de Rigotia velaran el sitio de construccion.
Los 12 elegidos se ocultaron entre los árboles y esperaron en silencio. Cuando sonaban las 12 campanadas se escuchó un ruido de ruedas, poco después apareció una carreta de bueyes, guiada por una hermosísima doncella que decia: “¡ea, idibalzaba!”. Magicamente, los materiales subieron a la carreta, entonces ésta desapareció, junto con los bueyes y la doncella.
Los vecinos contaron lo que habían visto y la gente de Rigotia comprendió que la Virgen no deseaba mudarse. Utilizaron los materiales para remodelar y ampliar el santuario y allí la siguieron venerando, con el nuevo nombre de Nuestra Señora de Balzaga.






