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LA VIAJERA PETRIFICADA
En el país vasco, cerca de Oyarzun, se encuentra una ermita en donde estuvo una imagen milagrosa de la virgen. La imagen era venerada por muchos devotos, que peregrinaban hasta allí para ofrecerle regalos. Uno de esos fieles, a quien alivió de una terrible enfermedad, puso entre sus manos el rosario mas rico y mejor tallado que se había visto. Ahí quedó esa muestra de gratitud, hasta el día que una arrogante dama visitó la ermita.
La dama llegó acompañada de una pequeña pero lujosa comitiva, iva de paso y solo entró a la iglesia porque deseaba descansar un rato en ese lugar fresco. Mientras se abanicaba veía con desdén la humilde casa de oración. Entonces miró el rosario de la virgen y se le antojó poseerlo.
En esos momentos la ermita estaba vacía, asi que ordenó a sus servidores que le trajeran el rosario. Como ninguno la obedeciera, ella misma subió al altar y estirándose, tomó el rosario y lo guardó en su bolsa.
La dama se marchó de la ermita, feliz con su capricho, pero no llegó muy lejos. Un anciano se interpuso en el camino, bloqueándoles el paso. La escolta de la dama echó mano a las espadas creyendo que era un asalto, pero el anciano les aclaró:
-No teman, solo una cosa quiero de ustedes, que regresen el rosario robado a la virgen de la ermita.
La dama palideció de ira y le gritó altanera:
-¡como te atreves a acusarnos de ladrones!
Mas el anciano la miró fijamente y replicó con firmeza:
-Yo sé que usted lo ha tomado con sus propias manos. Arrepiéntase de ese sacrilegio y devuelva el rosario
La dama, aún más furiosa e impaciente, le espetó al tiempo que fustigaba su caballo:
-¡No tomé ningun rosario, lo juro, y que me vuelva de piedra si miento! ¡ahora quitate, sucio mendigo!
No alcanzó a empujar al anciano. Su soberbia, su sacrilegio y su perjurio fueron castigados convirtiéndola en una piedra negra, que permanece ahí hasta nuestros días.






