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EL NOVIO DEL OTRO MUNDO


Hace mucho tiempo, en la aldea navarra de Aranaz, una joven pareja se comprometió para casarse el siguiente otoño, cuando terminara la cosecha.

Habían crecido juntos y la amistad de su infancia con los años maduró en amor verdadero, ella era dulce y bondadosa, él, honrado y trabajador y el compromiso alegró a todos los aldeanos.

Más por desgracia el reino de Navarra entró en guerra, el muchacho tuvo que alistarse y partir con el batallón antes de que la boda pudiera celebrarse.

El novio peleó en muchas batallas, cada una mas cruenta que la anterior. Frente a tanta carnicería su corazón se endureció y renegó de Dios. Un día, cuando una ciudad sitiada finalmente cayó, a la hora del saqueo el muchacho no respetó la iglesia del lugar. Entro en ella, tomó el mantel del altar como costal improvisado y lo llenó con los candelabros, con las coronas y los rosarios de las imágenes, con los cálices…se llevó hasta la custodia con la hostia consagrada. Cargando tal botín no se podía combatir, así que lo enterró a escondidas al pie de una peña.

No pudo regresar por el tesoro, en la siguiente batalla recibió un balazo en el pecho y fué sepultado en el sitio donde murió.

La novia esperó por él varios años, pero al fin comprendió que no regresaría y le guardó luto como si fuese su viuda. Con el tiempo su dolor menguó, le llegó la resignación suficiente para aceptar un nuevo novio y se casó.

La mujer vivió en paz por un tiempo, pero una tarde mientras hilaba sola en la casa, el novio fallecido apareció frente a ella. Por el miedo no se atrevió a hablarle y el fantasma tampoco dijo palabra, la miró en silencio hasta que el esposo regresó del campo, entonces desapareció. Las visitas fantasmales se repitieron diariamente, siempre que la mujer quedaba a solas. Ella no se lo contó a nadie por miedo a la incomprensión y las burlas, sufrió en silencio perdiendo poco a poco la salud.

Desesperada acabó recurriendo al fraile de Bera, que tenía fama de sabio en cuestiones de magia. El bondadoso varón le aconsejó dominar su miedo e interrogar al espectro con estas palabras: “Si vienes para bien, habla, si no, húndete en el abismo”.

La mujer siguió sus indicaciones, entonces el fantasma le contestó:

-Por el amor que compartimos, apiádate de mi. Un sacrilegio me impide entrar al cielo, solo podré descansar cuando se repare ese mal.

La mujer aceptó ayudarlo, el fantasma le explicó donde estaban enterrados los objetos sagrados y ella los devolvió a la iglesia en cuanto pudo, además encargó que oficiaran misas por el alma del difunto y así éste por fín encontró la paz.

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