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LEYENDA DE LA CARTA SOBRENATURAL
En tiempos coloniales hubo un convento franciscano en la ciudad de México. Los monjes de este convento vivían con gran austeridad y devoción. Todos los días a las ocho de la noche se reunían a orar por los muertos. Entraban solemnes a la capilla iluminada con cirios ardientes, se arrodillaban frente al crucifijo rodeado de paños negros, y rezaban largos rosarios en latín.
Una noche, cuando los monjes estaban mas dedicados a sus plegarias, apareció una mano sin cuerpo flotando en el humo de los cirios. Era huesuda, estaba medio envuelta con una manga de hábito monacal y sostenía una carta amarillenta, sellada con lacre negro. Sobreponiéndose al miedo el prior indicó a los monjes:
-Hermanos, esta carta la envía algun muerto, acerquémonos uno tras otro para que la recoja su dueño.
Los monjes pasaron uno a uno frente a la mano, pero ésta se elejaba, negándose a entregar la carta. Entonces recordaron que uno de ellos se había quedado en su celda porque estaba enfermo. Fueron por él y también intentó tomar la carta. Esta vez la mano la entregó enseguida.
El monje la leyó en silencio, y al terminarla tan solo dijo:
-Perdónenme por dejarlos, hermanos, pero debo hacer un largo viaje. Recen por mi, porque no sé si volveré a verlos.
Entonces cayó al suelo y todos los monjes se apresuraron a ayudarlo, pero solo vieron su hábito vacío. El monje había desaparecido junto con la mano sobrenatural, y ellos nunca supieron más de él.






