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Archive for May, 2007

No te fies de la niña

Esta historia que os vamos a contar le ocurrió a una amiga mia:
Un día Raquel salió del instituto como todos los días, pero ese día por alguna extraña razón decidió tomar un camino diferente. Después de caminar unos minutos, vio a una niña llorando y Raquel le preguntó que le pasaba. La niña señaló con el dedo una vieja casa y entre lloros le explicó que su gato se había metido allí, la niña no quería ir a buscarlo, tenía miedo, se le veía muy aterrada.

Amablemente Raquel, que era muy buena persona, decidió ayudar a la niña y buscar al gato.

Al llegar a la entrada, la puerta estaba abierta, y no había nadie en la casa por lo que decidió entrar. Cuando entró la puerta se le cerró de golpe, a pesar de ello Raquel decidió continuar adelante, de pronto apareció el gato corriendo por las escaleras, Raquel lo siguió, al llegar al segundo piso, el gato estaba allí, en medio del pasillo mirándola fijamente, parecía como si el gato la hubiese esperado y cuando Raquel se le acercó para cogerlo, éste escapó hacia una habitación que tenía la puerta entreabierta.

Al entrar en la habitación, Raquel se quedó sorprendida, era la habitación de una niña, tenía las paredes forradas de papel rosa y las estanterías llenas de preciosas muñecas que miraban fijamente a los intrusos. Pero Raquel no se sorprendió por la cantidad de juguetes que habían en la casa, ni tampoco porque un caballito de cartón balanceaba solo misteriosamente. La habitación, a diferencia del resto de la casa, estaba nueva, como si el tiempo no hubiese pasado.

De pronto fijó la mirada en una foto, se podía ver a una familia, al parecer el padre, la madre y su hija, la niña que ahora estaba allí en la calle esperando que le trajese a su gatito.

Raquel se empezó a asustar de verdad, todo esto ya no le gustaba, así que decidió volver sin el gato y escapar de aquella casa antes de que ocurriese algo. Al darse la vuelta para salir, ahí estaba la niña, ensangrentada y llorando:

¡ELLOS ME MATARON!, ¡Y TAMBIEN LO HARAN CONTIGO!

Al día siguiente encontraron el cuerpo de Raquel, igual como se encontró el de aquella niña muchos años atrás.

Os preguntaréis como sé esta historia. Yo soy aquella niña y quiero que me traigas a mi gato…

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Sigurd vencedor del dragón

Sigfrido o Sigurd, hijo del héroe Sigmund y favorito de Odín, creció huérfano. De gran valentía, cuando era muy joven, mató al dragón Fafnir por deseo de Regin, el herrero, robándole el tesoro. Sin embargo, el tesoro oculto estaba encantado por un anillo que había recibido una maldición y la tragedia se desata.

Sigurd, poco después se casa con Gudrun, hija del rey de los Nibeungos y accede a ayudar a su hermano Gunnar a conquistar Brynhildr, una valquiria que vivía tras un muro de fuego. Disfrazado de Gunnar, la conquista tras entregarle el fatídico anillo, luego de lo cual, Gunnar, se casa con ella. Pero Gudrun, la esposa de Sigurd, al ver a Brynhildr llevar el anillo, le cuenta la verdad para burlarse de ella. Brynhildr, furiosa y exige que Gunnar y su hermano Hogni maten a Sigurd, para después suicidarse, quemándose en la propia pira funeraria de Sigurd.

Gudrun se casa con Atli, hermano de Brynhildr, al cual le pide que mate a Gunnar y a Hogni, en venganza por haber matado a Sigurd. Luego Gudrun mata a sus hijos con Atli, hace unas copas con sus cráneos y le sirve a Atli su sangre en lugar de vino y sus corazones en lugar de carne.

Finalmente, incendia su palacio, y mueren todos los que allí estaban.

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¿Hasta cuándo Padre Almeida?

Hace muchos, muchos siglos en el convento de San Diego vivía un joven sacerdote que a pesar de haberse ordenado y tomado los hábitos no dejaba de lado su vida un poco mundana.

Cada noche el padre Almeida, como se llamaba el fraile de esta leyenda, se escapaba del convento por una pequeña ventana a la que llegaba trepándose por una imagen de Cristo crucificado. Parece que Cristo se cansó de las andanzas del padre Almeida y una vez mientras el pícaro cura se escapa, la imagen cobró vida y le preguntó: ¿Hasta cuando padre Almeida?, a los que el cura parrandero le contestó sin empacho: Hasta la vuelta Señor.

Así siguió el fraile saliéndose del convento en busca de juerga y aguardiente por las noches y regresando antes de que las primeras luces del alba se regaran sobre Quito.

Todo cambió una madrugada cuando el cura regresaba tambaleándose en las empedradas calles de la ciudad. En ese momento tuvo una visión que le heló la sangre: un cortejo fúnebre apareció de la nada y la procesión era macabra. El padre Almeida sintió que el corazón se le salía del pecho cuando tuvo en frente el ataúd y pudo contemplar que era su propio cuerpo el que descansaba dentro del féretro.

El susto le quitó la borrachera y las ganas de seguir con esa vida alejada de los preceptos que juró obedecer cuando se ordenó como sacerdote y el padre Almeida nunca más volvió a escaparse del convento.

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El Manantial de la Amistad

En el año 1248, la ciudad de Sevilla estaba en poder de los almohades, que habían sucedido a los almorávides en el poder de Al-Andalus..

Las tropas de Fernando III asediaban la ciudad sevillana desde varios flancos. En el sur montaron un gran campamento donde el Maestre D. Pelayo Pérez Correa, enfermo por las heridas de una flecha enemiga, recordaba los últimos años de continuas guerras. Lugar del campamento de D. Pelayo, al fondo Sevilla La fiebre le hacía soñar una mezcla de imágenes de las batallas y de la paz.. veía cómo era investido gran maestre de la Orden de Santiago en Mérida.. de pronto aparecía en el sueño la Cruz de Santiago goteando sangre… cabezas cortadas de musulmanes rodaban a sus pies.. también veía en sus sueños al Infante D. Alfonso (sería Alfonso X de Castilla a quién serviría durante años…) la imagen del infante se mezclaba con la de su padre, el rey Fernando III en uno de sus ataques de hidropesía… finalmente el sueño le hacía evocar la infancia, en su tierra portuguesa donde pasaba sed, mucha sed… despertaba bruscamente pidiendo agua.

Al cuidado del Maestre D. Pelayo estaba Juan de Osuna, quien humedecía los secos labios intentando calmar su sed.

El caluroso verano de 1248 hacía muy dura la conquista de Sevilla. Llevaban varios meses combatiendo sin descanso, desde el año anterior. Atrás quedaban los recuerdos de tantas ciudades: Cabra, Marchena, Zafra, Morón… todas pasaron a la corona de Fernando III y ahora quedaba Sevilla.

Como la fiebre no bajaba y el Maestre seguía delirando, su asistente Juan de Osuna decidió llamar a Omar, un musulmán de los quinientos que el Rey de Granada había enviado para ayudar a Fernando III. Decían que Omar tenía poderes como un médico y había sanado a muchos heridos. Cuando el musulmán llegó a los aposentos de D. Pelayo pidió que les dejaran solos. Tomó la mano derecha del Maestre y mirando fijamente a sus ojos dijo unas frases en árabe. Durante dos días el musulmán hizo varias visitas repitiendo el rito.

El contacto de Omar resultó para D. Pelayo milagroso, ya que fue sanando progresivamente y lo más sorprendente es que cada vez cogía la mano del Maestre la sed desaparecía sin necesidad de beber agua.

Cuando por fin D. Pelayo se sintió completamente sano, agradeció los cuidados de Omar y le nombró caballero personal, manteniendo una verdadera amistad. Le resultaba admirable los poderes que tenía, sobretodo que cuando Omar estaba a su lado, ya fuera en la batalla, con el calor y el cansancio, nunca tenía sed.

Pero la gran amistad del Maestre y el musulmán no era bien vista por todos los guerreros. Algunos murmuraban que no era bueno para la fe cristiana ni para los objetivos de conquistar Sevilla.

Una noche, cuando Omar regresaba a su tienda, fue atacado por dos de los combatientes cristianos que le envidiaban. El cuerpo del musulmán fue atravesado por las traidoras espadas y quedó agonizando cerca del campamento bajo la luna sevillana.

Al día siguiente todos los que formaban el campamento despertaron con tal sed, que bebieron todo el agua que había en los cántaros, dejando vacíos todos los recipientes. Don Pelayo, quien también sufrió la sed hizo llamar de inmediato a su amigo Omar, pero el árabe no estaba en su tienda. Después de buscar por todo el recinto militar y alrededores llegó la triste noticia: había sido encontrado muerto cerca del campamento, entre unos árboles completamente desangrado. Al ver el cadáver de su amigo D. Pelayo juró venganza para los traidores y rápidamente comenzó a hacer averiguaciones sobre los asesinos, pero todo resultó inútil ya que nadie sabía nada respecto a la muerte del árabe. Virgen, ¡valedme!, ¡valedme! y a mi hueste generosa; que soldados y caballos mueren de sed matadora.

Sumido en una profunda tristeza, D. Pelayo recordaba los buenos momentos que pasó junto a Omar, mientras el ejército comenzaba a pasar cada vez más sed ya que no había agua y el calor era más agobiante.

Al atardecer, el bochorno del verano no descendía y cuando iban a dar sepultura a Omar, comunicaron al Maestre las defunciones de dos soldados completamente deshidratados, pero antes de morir habían confesado su participación en el asesinato de Omar.

Ante la tumba de su amigo, D. Pelayo inclinó las rodillas y dijo la siguiente plegaria: ¡Descansa en Paz amigo Omar, que tu Dios Alá te de la gloria, ya se hizo justicia con tus asesinos! ¡Ojalá llegue el día en que los hombres puedan vivir juntos sea cual sea su Dios y aunque el color de la piel y costumbres sean diferentes!. Pronunciando esto clavó enérgicamente su espada en la tierra brotando de la brecha que hizo, un manantial de agua que poco a poco comenzó a inundar los alrededores del campamento.

El manantial abasteció sobradamente las necesidades del ejército de Fernando III, pudiendo tener agua durante los meses de asedio a Sevilla sin ninguna escasez.

El prodigio causado por la espada de D. Pelayo fue rápidamente extendido y comentado entre las tropas, quienes llamaban al lugar “El manantial de la amistad”, sin embargo los futuros intereses de algún monarca de las dinastías venideras logró cambiar el nombre del lugar por otro más útil a sus deseos totalitarios, el nombre pasó a ser “La Fuente del Rey”, El Manantial de la Amistad sigue en medio del Lago de Fuente del Rey atribuyendo el fenómeno acaecido a otros intereses completamente distintos a los de la amistad entre los hombres. Sin embargo dicen que los que acuden al manantial mantienen su amistad para siempre.

Este lugar conocido como Fuente del Rey , es una barriada de unos 1000 habitantes que pertenece a la ciudad de Dos Hermanas (a unos kilómetros de Sevilla), donde se puede contemplar el lago que D. Pelayo con su espada hizo brotar.

Autor: José Luis Ledesma

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