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Archive for March, 2007

Las Momias de Guanajuato

Guanajuato es una ciudad con muchos atractivos para el viajero, por su fisonomía que es única, por su historia que es maravillosa, por su abolengo cultural que la coloca en un sitio de privilegio en el país y más allá de sus fronteras; por sus manifestaciones artísticas a través de su teatro universitario, su Orquesta Sinfónica y su Estudiantina.

Sí, así es en efecto pero las cosas raras siempre serán motivo de singular atracción.
La gran mayoría de turistas, los que por primera vez vienen a Guanajuato, han recibido de los anteriores, de manera especial, dos recomendaciones: el Callejón del Beso y que vean las Momias.

La momificación se debe, sin que sea esta una opinión científica, a la ventilación especial, es decir, a la altura más bien que al terreno pues lo mismo ocurre en las gavetas que en el suelo.
Con toda seguridad que el fenómeno tiene lugar desde que fueron exhumados del Panteón Municipal, al termino del tiempo reglamentario, los primeros cadáveres.

Ese termino es de cinco años, pero la momificación debe consumarse antes.
El dato de mayor importancia para nuestra población es la circunstancia de la gran mortandad que hubo y porque varios de los cuerpos, por temor a que se propagara más la peste eran inhumados casi en seguida de que se declaraban muertos.

Así sucedía que en algunos casos se les sepultaba cuando en realidad todavía no expiraban, de modo que al volver de aquel estado cataléptico, ya en la tumba, morían finalmente por desesperación, por angustia o por asfixia. De ahí esa mueca de dolor que hay en algunas momias.
Esto fue cuando la peste del cólera morbus que registró en nuestra población allá por 1833. Aun no existía el panteón actual (1861), que es donde se verificó la momificación.

Tal era la cantidad de muertos, que fue necesario abrir panteones complementarios en las de la Compañía San Francisco, San Diego, Santa Belén, San Roque, San Sebastián. Esta es una de las más antiguas.

A partir de 1861, fecha en que se inauguró el Panteón Municipal siendo Gobernador del Estado del General Francisco Pacheco, datan las primeras momificaciones. El primer cadáver momificado que se exhibió correspondió al doctor francés Remigio Leroy, en 1965, que aún existe.

Desde hace muchos años las momias se exhiben al publico en una cripta que se halla justamente debajo del lugar donde se registra este hecho curioso. En una galería que hay al fondo se ofrece el macabro espectáculo, formando las momias una doble fila como 15 metros de fondo y acertadamente detrás de una vidriera.

Por todo lo anteriormente expuesto en forma tan llana, el publico debe desechar, por inciertas, todas esas leyendas baratas que cuenta la gente.

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La dama de Negro

Cuenta la leyenda que en un pueblecito cántabro de cuyo nombre no quiero ni puedo acordarme, de esos perdidos entre montañas y que en invierno quedan incomunicados, de esos que a menudo son tapados por la niebla y cuyas casas son aún de piedra y madera, sus gentes guardan un antiguo e insólito secreto. Dice también la leyenda que en dicho pueblecito hace ya más de 50 años que algunos de sus habitantes han vivido atemorizados. Estos habitantes son los que recuerdan un hecho que cambió la vida del pueblo para siempre. Un hecho que, bien por injusticia, bien por su crudeza, no ha sido nunca revelado a forasteros o a localidades cercanas, de tal modo que el secreto de momento ha quedado guardado dentro de los límites del pueblo y de la mente de sus más ancianos habitantes.

Este hecho, increíble e incomprensible para todos aquellos que no lo vivieron, cuenta que en las afueras de la localidad, y casi escondido entre una espesa arboleda, hay un edificio que había servido muchos años antes como un psiquiátrico. Allí enviaron a muchísimos hombres y mujeres que habían perdido la razón, a muchos que cometieron atroces asesinatos o que se les consideraba peligrosos a lo largo y ancho del territorio español.

Cuando pasó el tiempo y tanto el personal del psiquiátrico como los enfermos fueron reubicados en otros centros más cercanos a las grandes urbes, llegó el punto en el que el psiquiátrico se vació oficialmente. Pero, como en casi todas las versiones oficiales, hubo parte de la verdad que se ocultó, ya que en el pueblo empezó a circular el rumor de que a ciertos enfermos problemáticos, los servicios de salud o las administraciones pertinentes decidieron que salía más rentable hacer con ellos un ejercicio de “olvido�?. Estos rumores se fundamentaban en testimonios de celadores del psiquiátrico a los que amigos o conocidos del pueblo les habían oído quejarse de la atrocidad que se estaba cometiendo al dejar allí a muchos enfermos atados con correas a sus camas, gritando, abandonándoles sin alimento ni agua, y sellando e insonorizando sus habitaciones para que nadie pudiera saber nunca más de ellos.

La atrocidad no se llegó a producir totalmente, ya que la idea fue demoler aquel edificio totalmente con los inquilinos que habían “olvidado�? dentro. Por una razón o por otra el edificio no llegó a demolerse, así que allí quedó el psiquiátrico olvidado por todos, con sus inquilinos dentro y abandonados a una muerte segura y horrible.

Pero lo que no se podía esperar nadie fue lo que ocurrió después. Pocas semanas tras el abandono del edificio, muchos habitantes del pueblo empezaron a oír feroces gritos por las noches que provenían de la espesa arboleda, gritos que pronto pudieron identificar como procedentes del edificio del psiquiátrico. Los habitantes entraron en un silencioso pánico general, ya que nadie quería hablar de ello, y preferían callar ante lo que parecía un hecho imposible. ¡Aquellos locos ya deberían estar muertos, llevaban más de un mes sin alimento ni líquido, encerrados, atados!

La situación se empezó a complicar aún más ya que, unido a los terribles gritos nocturnos, a los lúgubres alaridos provenientes del antiguo psiquiátrico, los habitantes del pequeño pueblo notaron cómo cada noche desaparecían animales de sus granjas y corrales: gallinas, cerdos, vacas… Cada mañana faltaban más animales y aparecían trozos de algunos de ellos por el pueblo. Rastros de sangre salían desde las cercas del ganado y prácticamente no había nadie que no se hubiera percatado de que dichos rastros conducían camino del antiguo psiquiátrico a través de la espesura de la arboleda.
Hubo quien, además, advirtió que había visto por las noches a lo lejos a una mujer vestida de negro, de aspecto fantasmal y armada con una daga, destripar a los animales y llevarse muchos de ellos, para luego perderse en la negrura de la noche camino del siniestro edificio.

Pasaron las semanas, y en vista de las pérdidas de ganado en el pueblo, un día de fin de año los vecinos decidieron poner fin al robo de animales, aunque muchos de ellos se temieran que las desapariciones eran obra de un fantasma. Así que noche tras noche montaron guardia en todos los corrales y cercados, hasta que por fin una noche dieron con algo.

Uno de los vecinos que vigilaba encontró al ladrón con las manos en la masa y llamó al resto de personas que montaban guardia, que rápidamente se unieron a él. Delante de ellos, como si los espectros realmente existieran y fueran algo tan natural como el día o la noche, había una figura tapada con una manta negra, levitando unos centímetros sobre el suelo, con una daga que movía diestramente con una mano mientras decapitaba un pollo sujeto con la otra. La figura pareció percatarse de la gran expectación que estaba provocando sobre los habitantes del pueblo, que, armados con antorchas, guadañas, palos y otras armas espontáneas, no paraban de mirarla.

Con una velocidad sobrenatural, la figura partió “volando�? literalmente con el pollo muerto en la mano hacia el edificio, confundiéndose en la negrura de la noche. Todos los vecinos, sin dudarlo, y venciendo el miedo a lo sobrenatural debido a que la masa humana reduce el temor, corrieron raudos hacia el oscuro y viejo edificio para atrapar al ladrón y detener la matanza de sus animales.

Al llegar allí, entraron salvajemente al edificio iluminándolo con sus antorchas. No encontraron nada en el primer piso, sólo viejas camillas y mesas quirúrgicas con telarañas. Pero, al subir al siguiente piso, todos ellos se detuvieron y quedaron petrificados al ver el repugnante espectáculo que tenían ante sus ojos. En la sala que se abría ante sus narices había varias decenas de cuerpos famélicos, encogidos, de largas melenas y que se les notaban todos los huesos. Les miraban en asustadizas posturas, tirados por el suelo, acurrucados en los rincones, mientras cientos de trozos de animales y gran cantidad de sangre estaban esparcidos entre ellos y por sus cuerpos. En el centro, la figura de la dama con la manta negra permanecía de pie, levitando, con el pollo ensangrentado y la daga en las manos.

Todos los vecinos salieron huyendo despavoridos en una torpe carrera. ¿Los enfermos olvidados? ¿Fantasmas? Nadie supo quiénes eran los humanos o tal vez los espectros que allí estaban. A partir de entonces, cada fin de año los vecinos de este pueblo dejan, antes por temor y ahora por tradición, algunas gallinas o cerdos u otros animales en la entrada de la arboleda, y gracias a ello, dicen los viejos del lugar (a los que ahora se les considera que cuentan batallitas inventadas) que los gritos no se han vuelto a escuchar por las noches. Lo que bien es cierto, es que esos animales cada mañana de año nuevo han desaparecido.

Autor: Ricardo Richter

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A veces las piedras no son suficientes…

Señalamos con el dedo y juzgamos con las piedras,
El orgullo manchado y la vanagloria a nuestro lado,
Para una alma rota.

No basta sacar el veneno de nuestras bocas,
Por que a veces las palabras no son suficientes,
No basta arrojar piedras de nuestros corazones,
Por que a veces las piedras no son suficientes.

Culpamos a la vida de nuestras desgracias,
Pero no culpamos a la gente que nos daña,
Les servimos como criados de compañía,
Y nos alimentamos de los insultos.

Somos mas “fieles” que un perro,
Comemos de las migajas de la mesa,
Y nos reconforta la mas mínima caricia.

Hasta que despertamos y nos damos cuenta
Que no basta lo mínimo para darnos valor,
Y arrojamos piedras hasta el cansancio,
Por quienes nos dañaron, pero si esto es un espejo
Nos vemos reflejados en ellos y nosotros nos arrojamos
Piedras, aun que a veces no sean suficientes.

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La leyenda del Chupacabra

ANTECEDENTES

No pocas veces se ha tratado de correlacionar las apariciones de ovnis con la muerte o desaparición misteriosa de animales en determinadas zonas.

A partir de 1974 comenzaron a publicarse noticias sobre casos de animales muertos misteriosamente en diversos puntos de Estados Unidos como Kansas, Nebraska, Iowa, Dakota del Sur, Colorado, Oklahoma, Minnesota.

A muchas de las víctimas les faltaba algún órgano (oreja, lengua, nariz, rabo u órgano reproductivo) mutilado con aparente precisión. Además los animales muertos aparecían “completamente sin sangre, como si su cuerpo hubiese sido secado con una aguja”.

En Puerto Rico, de febrero a julio de 1975, ocurrieron numerosas muertes de animales en circunstancias casi idénticas coincidiendo en la misma zona geográfica con docenas de casos ovnis y con otros fenómenos supuestamente afines.

Justamente veinte años después de los sucesos del llamado “vampiro de moca”, como se acuñó popularmente a la bestia y oportunamente reseñado en STENDEK por el ingeniero Sebastián Robiou Lamarche -números 22 y 23- se ha repetido el fenómeno de las muertes misteriosas de animales.

Agradecemos a nuestro compañero de Puerto Rico su colaboración en el aporte de información, así como las ideas que hemos tomado prestadas de sus históricos artículos.
EL CHUPACABRAS APARECE EN PUERTO RICO

El nacimiento del chupacabras, al menos en su edición moderna, se remonta al mes de marzo de 1995, cuando los vecinos de los municipios de Orocovis y Morovis en el interior de Puerto Rico descubrieron que los animales de las granjas eran atacados de una forma sensiblemente diferente a la habitual en los animales salvajes o en el hombre.

Conejos, pollos, cabras, etc. empezaron a ser encontrados totalmente desangrados, apareciendo los cadáveres con un simple y pequeño orificio, especialmente en la garganta. La plaga se extendió por la isla rápidamente.

Las primeras descripciones del misterioso asesino no aparecieron hasta seis meses después de la aparición de la epidemia. Fue en septiembre del pasado año cuando fue observado por Madelyne Tolentino, una ama de casa de Canóvanas, al este de San Juan.

Ésta y otras observaciones paralelas lo bautizaron en la zona como “El canguro” y “El conejo”.

Las descripciones lo presentaron como una horrosa entidad semejante a un canguro con colmillos y con un abombamiento en sus en sus ojos rojos y sus bocetos corrieron por toda la ínsula.

Y por gracia del ufólogo Jorge Martín, a través de INTERNET, la imagen se extendió al resto de la civilización.

Pero en Puerto Rico se iban sumando cadáveres al guarismo del vampiro. Nuevos aterrorizados testigos hacían sus descripciones y los artistas daban forma a sus palabras: humanoides, depredadores de pata hendida y retorcidas gárgolas de catedral. El terror estaba sembrado en las zonas rurales.

Las autoridades municipales organizaron unas doscientas partidas para capturarlo. Sectores políticos reclamaron una investigación oficial a un gobierno que ignoraba los dantescos hechos.

Algunos científicos señalaron que los responsables debían ser monos, perros u otro animal exótico que habite libremente en el país. Las necropsias no establecieron un patrón único de muerte: traumas en el cuerpo, infecciones bacteriales, perdida de sangre.

Pero los canovenses que decían haberlo visto, estas teorías estaban muy lejos de la realidad: Yo quisiera tener de frente a la gente que dice que el “chupacabras” es un perro o un mono, que me les voy a reir en su cara. No hay quien me diga que el monstruo ese que yo vi era real. Yo lo vi con estos ojos y no estoy loco, señaló exaltado el pescador Luis Angel Guadalupe.

El hombre narró que hace un par de meses se encontraba pescando con su cuñado cuando de pronto “una cosa horrible y con alas” se le presentó. Del susto el pescador soltó lo que tenía entre manos y se fue corriendo.

Entonces nos persiguió a mí y a mi cuñado hasta llegar a mi casa. Después de ese día no lo he vuelto a ver

Durante las primeras semanas de 1996, los ataques del chupacabras comenzaron a menguar, pese a que las referencias de la prensa sobre su actividad no habían disminuido.

Las temperaturas en esa época del año son frías con lo que se pensó en una posible hibernación en las montañas de la selva tropical de El Yunque, o en alguno de los muchos sistemas de cavidades que hay en las isla, especialmente alrededor de Aguas Buenas, a unos 50 kilómetros de San Juan.

Pero la tranquilidad no duraría mucho. Las alas del maligno ensombrecieron de nuevo la vida de los portorriqueños.

A principios de marzo Arturo Rodríguez, un granjero del Barrio Sumidero, en Aguas Buenas, notificó la pérdida de 30 gallos luchadores y gallinas. Los animales tenían punzadas en su garganta y en el cuerpo.

Se afirma que agentes del Departamento de Recursos Naturales realizaron una investigación in situ.

El sábado 9 de marzo, un chico llamado Ovidio Méndez estaba enterrando una gallina muerta cuando observó un extraño ser de 1,20 de altura caminando a dos patas. Su cuerpo era gris obscuro, poseía ojos alargados rojos, largos colmillos y las manos en forma de garra.La policia no encontró nada.

De todas formas no todas las personas estaban de acuerdo en que el Chupacabras fuera el responsable de las muertes de los animales. Una mujer creía que su conejo había sido asesinado por un perro.

Como suele pasar en estos casos, a falta de una explicación que resulte suficientemente convincente, las especulaciones comienzan a correr.

Así aparecieron sofisticados argumentos sobre perros con un colmillo, un simio delincuente, inconfesables experimentos genéticos y, cómo no, alienígenas. O el propio diablo cuando uno de los testigos afirmó que la aparición estuvo acompañada de un “olor fuerte a sulfuro”.

También fue detenida una santera, acusada de matar a los animales domésticos para sus ritos, pero es evidente que no podía ser la causante de todas ellas. Se dijo que debían ser diversos grupos Yoruba, pero lo cierto es que eso contradecia la hipótesis oficial hasta el momento: monos o perros.

La matanza continuó en el Barrio Sumidero, especialmente en los sectores de La Araña, La Vega y la Capilla donde centenares de animales domésticos, pollos, patos, ocas e incluso algunas cabras, corderos y vacas, fueron desangrados.

En uno de los ataques, además de las muertes causadas, el agresor arranco de sus goznes una puerta metálica de 4,8 metros por 4,2.Tal desproporcionada prueba de fuerza no hizo sino aumentar el terror de los habitantes de la zona.

En esos momentos el fenómeno del chupacabras ya había trascendido las fronteras insulares y se había extendido entre las colonias hispanoparlantes de Florida y Texas superando el ámbito de lo paranormal hasta el punto de que abrieron restaurantes con tan pintoresco nombre, un grupo música de salsa se apodaba “Los chupacabras” y se concebían otros proyectos.

Internet también disponía de su propio escenario en el World Wide Web. Los avispados comerciantes pronto lanzaron sus camisetas y otros productos con el retrato robot del sangriento devorador.

La bestia también inundó las tiras cómicas y los escenarios comenzaron a tomarlo en consideración.

El caso más notable es el de México donde las viñetas de sátira política han identificado al antiguo presidente Carlos Salinas de Gortari como un auténtico vampiro.

Diarios y revistas como The New York Times, Time International, The Washington Post, El Diario la Prensa (Nueva York) y Florida Today habían publicado artículos sobre los acontecimientos.

Canóvanas y su alcalde, José “Cheno” Soto Rivera, organizador de las expedicionaes para capturar a la fiera, habían sido inmortalizados por las cámaras de televisión del continente.

En los estados norteamericanos, la historia de este fabuloso canguro se ha mezclado con las del Diablo de Jersey, un personaje procedente de la mitología indígena y cuya presencia se denota en los últimos 260 años, contándose 2.000 supuestos testigos, siendo un clásico dentro de la zoología fantástica o criptozoología.

Conforme crecía el alud en Puerto Rico, aparecían nuevas especulaciones, generalmente gratuitas y a cual más pintoresca.

Así el hermano Carmelo, un ejemplo de los autotitulados como psíquicos, pontificaba que las mutilaciones procedían de “una raza de vampiros que se complacen con la sangre animal” y que sólo se puede terminar con ellos usando “un rayo láser o una bala de plata”.

Con sus dotes clarividentes afirmó que estos seres no atacan a los humanos porque la sangre está demasiado infectada de toxinas y de grasas…

Por su parte, un grupo ufológico de corte fanático conocido con el acrónimo de NOVA indicó que el chupacabras era una de las 20 criaturas que habían descendido a la Tierra procedentes del espacio.

Su repugnante misión consistiría en realizar experimentos con sangre humana con el objetivo de liberar perniciosos virus como el VIH causante del SIDA. Este grupo paranoico se dedicó a acosar a testigos e investigadores indicándoles que contaba con el respaldo de “una organización secreta del gobierno”.

Sus actividades no se detuvieron hasta que fueron expuestas por el ufólogo Jorge Martín en su programa de radio Ovnis Confidencial.

Sobre Puerto Rico recae la pésima reputación de ser campo de pruebas para armas secretas experimentales que van desde la Talidomida hasta armamento radiactivo, por lo que no fue difícil que algunos creyeran que el chupacabras era el resultado de un experimento genético cuya salvaje actividad había sido concebida por el gobierno norteamericano.

Pero las teorías no terminan aquí. Otros vincularon la llegada del chupacabras a la vieja e infundada creencia de que en Puerto Rico existen túneles que unen la isla con territorios continentales, especialmente con los Pirineos y Sudamérica.

Incluso se sugirió que la criatura había acudido desde el Más Allá durante una obscura ceremonia de santería. Esta macabra creencia tiene mayor predicamento entre quienes han sufrido daños causados por el chupa-cabras como si hubiesen sido víctimas de algún tipo de brujería o maldición que perjudicara su hacienda.

No obstante, la idea más extendida es que se trata de un ser alienígena, no en vano Puerto Rico se ha caracterizado siempre por una gran cantidad de avistamientos OVNI, lo que ha llevado a muchos a considerar a la isla americana como una zona caliente del planeta.

Estas mutilaciones tendrían el mismo origen que las que se produjeron con anterioridad preferentemente en el Medio Oeste americano, donde numerosas cabezas de ganado aparecieron halladas sin sangre ni glándulas endocrinas.

Esto se debería a una atrofia del tubo digestivo de los alienígenas, lo que motivaría consumir un preparado con la sangre y las glándulas endocrinas que absorberían a través de la piel. Esta explicación ha sido apuntada entre otros por Salvador Freixedo.

Los extraterrestres, mediante una técnica genética habrían creado un animal que cumpliría la misión de chupar la sangre.
EL CHUPACABRAS LLEGA A MÉXICO

El 1 de mayo de 1996 un reportaje en el programa de noticias Primer Impacto de la televisión mexicana alertaba a la población sobre el creciente número de mutilaciones animales en las regiones de Jalisco, Sinaloa y Veracruz, especialmente esta última en las poblaciones de Las Trancas, Tlaliscoyan y Nachital, cuya economía gira en torno al ganado caprino.

Sin embargo la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Veracruz no realizó ninguna investigación argumentando que se habían enterado a través de los medios de comunicación. La opinión de los expertos fue que se trataban de ataques de coyotes o murciélagos.

Las primeras especulaciones hablaban de una nueva especie de murciélago gigante de metro y medio de tamaño y un peso de unos 9 kg que podría haber inmigrado procedente de Sudamérica, algo así como los enjambres de abejas asesinas africanas.

José Burria, del Departamento de Agricultura Federal, atribuyó por su parte las muertes a algún coyote o felino, posiblemente exacerbado por la sequía en el norte del país.

Claro que no supo indicar por qué no habían ocurrido nunca antes en situaciónes semejantes.

Mientras, las historias corrían gracias a una prensa siempre ansiosa de aumentar sus dividendos, destacando en esta labor los periódicos Sol de Sinaloa y Sol de Occidente.

El miedo se iba extendiendo y las economías locales percibían los efectos de la poca predisposición a salir de sus hogares, sobre todo de noche, por parte de lugareños de las pequeñas poblaciones del norte de México.

Ellos argumentaban que un humanoide mujer-lobo aullaba y gemía en la obscuridad. Este hecho tiene, según se dice, un precedente en la inusual ola de mutilaciones animales que asoló la República Dominicana en 1978.

Las noticias de que seres humanos habían sido atacados por el chupa-cabras encendió mucho más los ánimos.

Teodora Reyes, vecina del villorrio Alfonso Genaro Calderón (sic), en el estado de Sinaloa, mostró por televisión unas extrañas “marcas de mordiscos”, que en realidad parecían laceraciones o quemaduras, producidas por una garra del chupa-cabras.

Sin embargo ella no fue la única. Angel Pulido, un granjero radicado en el estado de Jalisco, mostró pinchazos semejantes en su brazo derecho debidos, según señaló, a un gigantesco murciélago que se parecía a una bruja (!). Y el alud aumenta de volumen conforme progresa por la ladera descendente y aparecen nuevas “víctimas” con pinchazos en puntos diversos del cuerpo y de los que no poseían conciencia.

En el estado de Nayarit, la policia judicial, según se dice, abrió fuego contra un chupacabras en plena fuga antes de saltar una cerca de 1,80 m.
UN POCO DE SOCIOLOGÍA

En ninguno de los dos paises se ha prestado una atención especial a los sucesos desde la perspectiva oficial.

En México las autoridades federales han reiterado que todos los incidentes investigados apuntan a que se trata de lobos o coyotes.

Sin embargo, Marielena Hoyo, directora del Zoo Chapultepec de la ciudad de México, reconoció la antigüedad histórica de los sacrificios de animales y se refirió a una descripción del Levítico en la que se denota el uso de herramientas perforadas para derramar la sangre animal para propósitos rituales, a lo que añadió que la seguridad de su institución había sido reforzada por si alguien quería emular al chupacabras.

Pese al poco tiempo transcurrido desde la aparición de este particular vampiro, rápidamente se manifestó un fenómeno social y comercial entorno a la bestia.

Aparecieron llaveros, camisetas y viajes turísticos por los pagos donde el depredador exibía sus mejores aptitudes.

Algunos medios de comunicación han jugado un rol fundamental en la expansión entre la comunidad hispana allende Puerto Rico del fenómeno del chupacabras.

Tony Zavaleta, un antropólogo de la Universidad de Texas en Bronsville, indicó que los noticieros, con sus diarios y crédulos reportajes, habían convertido al chupacabras en una leyenda.

De acuerdo con Mark Glazer, un antropólogo de la Universidad de Texas-Pan American en Edimburg, esta leyenda es estable y duradera como lo es Nessie en el lago Ness.

El experto en folklore, James Griffith, de la Universidad de Arizona, cree que el crecimiento de la leyenda desde su germen inicial es una maravilla de la era electrónica, un invento popular transmitido por radio y TV.

También añadió que estaba interesado en ver si el chupacabras alcanzara el estatus de animales legendarios como La Corua, una serpiente acuática, o el Carbuncho, un pequeño animal de cuatro patas, a veces con alas, que despide luz en su frente, lo que permite ser observado en los campos del norte de Sonora.
CONCLUSIÓN

De lo poco que estamos seguros es que es un hecho el incremento de las muertes de animales “vampirizados” en Puerto Rico y México.

Se ha informado ya de casos en Costa Rica, El Salvador desde abril, Guatemala e incluso en la Amazonia. En Florida en marzo y desde abril en otros puntos de EE.UU como Cambridge (Massachussets), la ciudad de Nueva York, Nueva Jersey, San Antonio, San Francisco y Moscú en Rusia.

También se ha sabido que en 1993 una béstia de comportamiento semejante atacó en Bulgaria causando varias muertes humanas, según consta en la prensa del momento.

En Puerto Rico los científicos han atribuido los “ataques vampíricos” a caninos, de una rara variedad de un solo colmillo quizás y a fieros macacos.

En México, fueron coyotes y murciélagos, con su carácter distorsionado por la sequía.

Los testigos y propietarios de animales han sido calificados como incompetentes, desinformados e incluso mentirosos.

El biólogo Cedar García acuso a Jorge Martín y a Salvador Freixedo de ser “charlatanes” después de su aparición en la televisión pública de Puerto Rico. Escépticos y reputados ufólogos coinciden: fraudes, exageraciones e histeria.

Sin embargo para muchos quedan preguntas en el aire.

¿Por qué una sola marca de pinchazo?. ¿Cómo puede penetrar con suficiente profundidad en animales vivos para extraer su sangre?. ¿Que tipo de extraña baba es la que deposita sobre sus víctimas?. Y sobre todo ¿Qué está viendo la gente?. Quizá todo sea el mito de la bestia extraterrestre, pero vale la pena estudiarlo.

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El Puente de los Perros

No viene al caso señalar los defectos de los campechanos, que son muchos, como corresponde a toda comunidad tropical heredera de una tradición que le permite vivir a costa del recuerdo; pero tampoco está de más mencionar que los alegres descendientes de una pintoresca mezcla de indígenas, comerciantes y piratas cultivan algunas virtudes singulares que, en el plano político, les han proporcionado siempre una estabilidad envidiable.

Efectivamente, lo que en otros lugares se resuelve por medio de conflictos sangrientos, porque nadie está dispuesto a que su gremio sea humillado –y de las discusiones se pasa a las trompadas y a los garrotazos-, en Campeche se trueca en un mimetismo que ya quisiera para su coleto el más consumado camaleón. Y es así como, en tiempo de colonias, los porteños eran peninsularistas, y hasta los caballos pertenecían al partido español; en la época de la efervescencia insurgente, eran casi rebeldes; bajo la República, republicanos; durante el efímero imperio de Iturbide, monárquicos; y, cuando se enteraron de que la estrella del futuro Su Alteza Serenísima empezaba a fulgurar, se declararon satanistas. Esto último no obsta para que, en 1830, y para evitar fricciones innecesarias y tópicos mal entendidos, los campechanos fuesen paulistas; por aquello de que el comandante militar de la plaza, cuñado del esforzado caudillo veracruzano, se llamaba Francisco de Paula Toro, y porque sonaba más eufónico ese término que el de toristas.

Don Pancho, en su calidad de jefe castrense de Campeche, no se sabe si poseía atribuciones administrativas propias del poder civil o se las tomaba por su cuenta; pero el hecho es que compartía la autoridad con el gobernador Don José Segundo Carvajal quien, nada celoso de los militares, prefería dejar a Don Francisco actuar, toda vez que el coronel se distinguía por su espíritu de progreso. Pues bien, quizá procurando la ventura de los campechanos, o por dar satisfacción a los deseos de su mujer, la virtuosa Doña Mercedes López de Santa Anna de Paula Toro, que gustaba de los paseos dominicales en el campo, héte que el comandante dispuso un día construir un puente sobre el canal de desagüe del suburbio de Santa Ana, vecindad a la que Doña Mechita le tenía particular afecto nacido probablemente de la homonimia.

Recibió el encargo de realizar la obra el afamado alarife Don José de la Luz Solís, que fue también al arquitecto de la Alameda; y en pocos meses, gracias al empeño y la diligencia del experto maestro, el puente quedó casi listo. Como se anotó Doña Mercedes era aficionada a pasear por la campiña; y en cierto ocasión llegó, en compañía de su marido, a inspeccionar los trabajos del puente. La señora se mostró entusiasmada con la mejora material, y creyó prudente comentar que, además de que sería de indudable beneficio para los habitantes del barrio, a ella le serviría de viaducto para disfrutar de un acogedor rincón de descanso en medio del monte. Examinando lo contraído, atrajeron su atención los cuatro extremos en que el puente remataba, por lo que preguntó al alarife: -¿Quiere usted decirme, Don Pepe, para qué son los remates del puente?
-Tengo instrucciones de mi coronel aquí presente –contestó el aludido-, de colocar sobre los remates cuatro hermosos pebeteros, que han pedido a México y se encuentran ya en camino, y que simbolizarán respectivamente el fuego inextinguible de la ciencia, del arte, del pensamiento y del amor.

Después de oír tales palabras, la señora de Torno no preguntó más, pero guardó un silencio reflexivo.

Transcurridos algunos días doña Mercedes, acompañada de un aya, se apeó de su carruaje frente al puente en ejecución, y tras ella bajo un mocetón que a duras penas sostenía una traílla a la que estaban sujetos dos magníficos e imponentes mastines.

Dirigiéndose a Don José de la Luz, la primera dama interrogó: -¿Qué le parecería las estatuas de Aníbal y Alejandro para rematar el puente?
A lo que respondió Don José: -Señora, creo que serían unos remates admirables; y, por otra parte, estarían acordes con la profesión de mi coronel, ya que tan augustos personajes fueron grandes guerreros.
Dijo Doña Mechita: -No me he explicado claramente, Don Pepe; yo no estoy hablando de esos conquistadores franceses (Doña Mechita no era muy versada en historia universal) sino de perros, los que ve usted aquí; ¿no cree que quedarían soberbios como remates del puente?.
Aunque cortesano, el señor Solís, que comprendió la intención de la de Toro, se atrevió a replicar: -¡Pero, Doña Merceditas! ¡No pretenderá usted que se modifique el proyecto de mi coronel! ¡El ha dicho que los pebeteros adornarán el puente, y que serán el símbolo de la constante aspiración de los campechanos, no importa que sean de este barrio, hacia lo alto! ¡Además, los pebeteros llegarán en el próximo barco!
-Mire usted, Don Pepe –repuso Doña Mercedes-, yo respeto mucho a mi esposo y sus ideas, pero también adoro a mis perros; y se me ha ocurrido que especímenes de raza tan pura y majestuosa como Aníbal y Alejandro deben pasar a la posteridad, y nada mejor para ello que aprovechar los remates del puente.
Y agregó: -Le ruego, y conste que no acostumbro hacerlo, que en lugar del proyecto original, usted que es un escultor consagrado, se ocupe de modelar cuatro figuras de mis mastines en actitud de ladrar, para que, ya puestos en su sitio, ejerzan la vigilancia permanente de la ciudad. Estoy segura de que de sus hábiles manos saldrán los perros más bellos que jamás ha esculpido ningún artista!.

Halagado por haber sido ascendido de albañil a escultor, Don José de la Luz ya no respingó, y prometió a Doña Mercedes que atendería su súplica.

Gananda la escaramuza por el lado del obrero, la dama se encaminó a ver a sí consorte; y ya de frente a él le dijo estas palabras, después de haber preparado con un cariñoso beso: -Panchito, hoy recibí carta de mi hermano Toño, y me ha recomendado que yo te salude con un fuerte abrazo. De esas cosas de política que no entiendo, dice que pronto substituirá al general Bustamante (éste era, en 1830, el Presidente de la República), y que yo te lo informe. Y también preguntó por Aníbal y Alejandro, los que, recordarás, él me obsequió; y me dice que le agradaría especialmente que se pusieran esfinges de los mastines en el puente en construcción.
Don Francisco: -¡Mechota, querida mía, no faltaba más! No era necesario que le hablaras a Antonio del puente; basta que tu voluntad sea que las estatuas de tus perros se coloquen allí para que se cumpla tu deseo; y así se hará. Pensándolo bien, serán más artísticos los canes como remates del puente que los pebeteros. ¡Ah! Y cuando le escribas a tu hermano, dile que no se olvide de nosotros.

En esa forma, Aníbal y Alejandro, reproducidas por partida doble, quedaron perpetuados en piedra en el puente del cuento; aunque no salieron imponentes de la mano del escultor; ni su actitud se antoja de ladrido vigilante sino de lúgubre lamento causado por la visión de un alma en pena.

El puente fue inaugurado con el nombre de Puente de la Merced, según una placa conmemorativa en la que se lee la siguiente inscripción: “Año de MDCCCXXX. Se construyó este puente con el título de la Merced de Santa Ana, bajo la dirección del Alarife D. José de la Luz Solís”.

El gobernador Carvajal mandó poner otra placa en el ya desde entonces llamado Puente de los Perros, con la siguiente leyenda: “MDCCCXXX. Se hizo por disposición del Señor coronel C. Francisco Toro, habiendo contribuido en unión de todo el partido, esta benemérita guarnición gratuitamente a su construcción y la de la alameda. A pueblos tan virtuosos militares tan recomendable, José Segundo Carvajal reconocido, dedica este documento.

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